3. "El cesto de la ropa"
Estereotipos y roles de género
¿De quién es cada uniforme? ¿Por qué? No os preocupéis si recibís respuestas estereotipadas; hemos nacido y crecido en una sociedad patriarcal y por lo tanto estamos bajo la influencia de la socialización de género. A pesar de la educación recibida en casa, la infancia recibe estímulos de muchas otras fuentes y pueden adoptar ideas y actitudes que no hayan aprendido en el entorno familiar. No hay respuestas buenas ni malas, los estereotipos están muy arraigados. Simplemente, permite un espacio donde reflexionar sobre los roles de género y si eso le produce limitaciones en su día a día (presta atención a comentarios como "a mi me gustaría hacer x, pero es de niñas" y similares). Puedes buscar ejemplos y personas que conozcas que rompan la norma.
Además de lo "visible" - los niños de azul y las niñas de rosa, los estereotipos se cuelan en la forma en la que nos enseñan a sentir. Está, por ejemplo, mucho más normalizado que las mujeres lloren y que los hombres se enfaden y se vayan dando un portazo. Estos comportamientos también se refuerzan desde los primeros años de vida cuando a los niños se les dice "tener miedo es de nenas" y que "los chicos mayores no lloran". De esta forma, ya que las emociones no desaparecen, aprenden a canalizarlas a través de la violencia, el enfado o el enfrentamiento. Y lo mismo pero al revés, como "las niñas enfadadas se ponen muy feas" y levantar la voz las convierte en unas "mandonas" y unas "repipis", las niñas entienden que la dimensión de la autoridad y el enfado no les corresponde, así que se interiorizan que su "sitio" es llorar y permanecer al margen. Llorar, tener miedo, enfadarse o gritar ni es negativo ni tiene género y lo único válido es saber gestionarlo. Claro está que la gestión emocional es probablemente la asignatura más suspensa en la edad adulta. Hace poco vi una pancarta en un instituto que decía: "De qué nos sirve colocar Neptuno en el Universo si no sabemos dónde poner nuestra tristeza".
Otro ejercicio interesante para reflexionar, puede ser el de coger un folio en blanco y proponer un juego: dibujar escenas de la vida cotidiana típicamente estereotipadas (asignadas a hombres o mujeres en nuestro imaginario). El truco es utilizar un género neutro - "recibió un trofeo por ganar la carrera de coches" - "se quemó la mano planchando el vestido" - "era tan fuerte que tiró la puerta de una patada", "le dio el biberón al bebé mientras cantaba una nana" - y reflexionar sobre el sexo asignado a la persona dibujada. Yo no me pongo medallas, la primera imagen que me viene a la cabeza es 100% estereotipada.
También, ya que habéis sacado folios y pinturas, podéis hacer un experimento de "masculino plural" como "masculino genérico" y valorar si verdaderamente, cuando hablamos en "masculino plural", nuestra cabeza imagina hombres y mujeres por igual. Por ejemplo, que dibujen: "los ingenieros arreglaron el cohete para que llegara a luna", "los tres mejores médicos del hospital terminaron la operación del corazón con éxito", "los alumnos del colegio llevan uniforme". Ahí os lo dejo, ya sabéis por dónde van los tiros.

